Entro a una panadería y del segundo piso proviene una melodía que me
es familiar pero no le agarro la onda. Allá arriba hay unas mesas para cenar,
lujo que mi cartera no puede darse, así que cojo una charola y tomo algunos panes
de agua.
Al esperar para que la despachadora me entregue el ticket de
los bolillos, levanto la vista al piso superior, donde se encuentra un dúo que
trata de parecerse a Benny Ibarra y Miguel Bosé. No los alcanzo a ver pero uno
de ellos se escucha con más miedo que ganas de cantar.
El tipo no se deja llevar por lo que lleva en la sangre.
Por fin salgo de la panadería y lo único que se asoma es una
luna grande y luminosa con algunas nubes que la rodean como si fuera el marco
de una postal.
Mientras el frio se cuela por las partes más traicioneras
del cuerpo y la calle solitaria anuncia que este día ya acabó, la mirada no se
le puede quitar de encima a esa que gusta de acompañarme en los momentos más
adecuados.
Quise sacar la cámara para retratarla, decirles a los demás
que la vieran, tratar de que compartieran el momento pero la verdad es que sólo
estábamos ella y yo.
Como uno de esos momentos en los que de plano no te puedes
aguantar y le plantas un beso sin importar que es lo que diga o piense. U2 lo describe así: Is the blind
leading the blood.
Hoy la luna me dejó ciego.
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