Es domingo a las 2:30 de la mañana en el Aeropuerto de la Ciudad de México y por alguna extraña razón veo a una familia cansada y rendida a los pies de una Virgen de Guadalupe de minimalista, que se mantiene
de pie en una mesa del comedor. Junto con la familia hay varios seguidores de la madre de casi todos los mexicanos (por eso de que algunos no tienen madre).
Los feligreses aplicaron el #OccupyAICM para trasnochar y aprovechar la calidez del aeropuerto que mantiene lejos las bajar temperaturas del frente frío número 17. Los devotos sacaron otro de los íconos que
son característicos de los hijos de la Virgen Morena: la cobija de Chiconcuac.
No importa si usted es uno de los peregrinos de Iztapalapa o uno de los corredores de la Antorcha Guadalupana, al llegar la noche debe sacar su cobija chiconcuaquera a cuadros con barbillas bicolores. Si
traen cobijas con otras características se declara anatema.
afuera del recinto aeropuertario, miles de guadalupanos realizan la caminata por el Circuito Interior. Los cargadores y el público que los acompaña cargan esa cobija que es fiel compañera de los imitadores de
Juan Diego.
Al romper el alba se levantan los guadalupanos, lavan su cara en el baño, arreglan sus cosas, doblan su cobija chiconcuaquera y parten a la sala para hacer su check in. Guadalupe sigue estando de pie.
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