El dolor es algo que con el tiempo se vuelve parte de uno y se adhiere al alma como la mugre a la piel. Después de un tiempo, uno puede vivir con él día a día, pero hay que tener mucho cuidado cuando en una acción súbita hace que el tamaño de este crezca tanto que uno tiene que derramar algo de ese sufrimiento por algún lado.
Cuando veo a los dolidos del corazón que beben hasta perder la consciencia, pienso que una parte de ellos lo que más desea es sacar ese dolor por las vías urinarias o, si el líquido y la botana coinciden en una acción de suerte, terminarán vomitando algo de esos pensamientos retorcidos.
Pero para los abstemios que sólo vemos como se empinan los whiskies desde la barra y somos depredadores de los cacahuates salados el problema se agranda considerablemente. La manera de drenar las porquerías sentimentales que traemos cargando se hace a cuentagotas. Tal vez con alguna canción, algún recuerdo o visitando las peligrosas tierras de la imaginación.
Una sola vez pude echarme a berrear con una serie de canciones que puso el #iPodBueno cuando regresaba de un viaje. Recuerdo que el trayecto del avión y de la camioneta de Interjet de Toluca al DF me la pasé sacando las de cocodrilo depresivo con varias canciones que hacían que el estómago y el corazón sacarán esos dolores.
Una de las costumbres que utilizan las mujeres con una recurrencia envidiable es el drenar sus lágrimas tallando pisos y paredes con un estropajo lleno de jabón. Casi todas piensan en cosas que hicieron y tallan más fuerte cuando tocan ese punto que tanto les duele.
Siempre que pienso en eso me da ternura y unas ganas inmensas de abrazar.
Otros recurren a la táctica de sonreír, decir que son fuertes, añadiendo frases de superación personal como: al final del túnel siempre hay luz. El método barato y de bajo contenido intelectual de los libros de autoayuda les funciona a algunos pero a mí no.
La manera en que saco mis lágrimas es siendo irremediablemente infantil, es decir, haciendo dramas o berrinches de lo que no es como debía ser. En esa etapa me vuelvo tan insoportable que la gente de mí alrededor desea que algún sicario se apiade de ellos y me corte la cabeza. La verdad no los culpo.
La manera en que saco mis lágrimas es siendo irremediablemente infantil, es decir, haciendo dramas o berrinches de lo que no es como debía ser. En esa etapa me vuelvo tan insoportable que la gente de mí alrededor desea que algún sicario se apiade de ellos y me corte la cabeza. La verdad no los culpo.
Pero no me juzguen mal por ser sincero. Mi problema es que debo encontrar las piezas que faltan para tener una imagen de las fallas estructurales en mi persona.
El hablar y expresarme son mis lágrimas donde puedo desahogarme; antes lo hacía en la red pero ahora las personas involucradas en mi vida están de alguna manera conectadas a esta cosa que nos come el cerebro poco a poco.
Así que he encontrado la forma de desahogarme por medio de pliegos de papel bond, una buena selección con la música de mi #iPodBueno donde doy una estructura menos corriente a la tristeza que a veces me embarga.
Con esos plumones hoy día saco esas lágrimas que, en algún lugar de mi adolescencia las empeñé por algunos litros de ácido y que hoy quiero aventar.
Es lo más sano para todos y así nadie sale dañado. Al menos que sea yo.
CDT
Si usted se siente identificado con alguno de estos casos le invito a que entre a Youtube y vea los videos de Misery Bear de la BBC.
¡Me lo agradecerá !
3 comentarios:
Soy yo otra vez. Gracias por compartir los videos de Misery Bear! Me encantaron.
Quien sois anónima?
Una conocida de años y tímida admiradora reciente. Te invite a salir hace unos meses pero tenias trabajo. Luego me dio pena contactarte otra vez.Bueno, más bien imagínate un episodio de Misery Bear con esta historia para que sea cómica, no solo patética, jaja. Saludos!
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