jueves, junio 09, 2011

Soportando a los hijos de vecino



Una miles de millones de ondas eléctricas suben por mi espalda demandando explotar con cualquier hijo de vecino y al parecer, esos hijos de vecino se empeñan en toparse en mi camino con las actitudes más estúpidas y castrantes.

Cuando mi paciencia parece estar el límite decido salir de la calurosa oficina para despedirme del policía que piensa que somos amigos por el simple hecho de saludatnos cada dos días.

En la calle sigue el mismo adoquín flojo que mas de 10 presidentes municipales no han podido pegar.

Al final de la calle veo unos adeptos con más hambre que ánimos para apoyar a su candidat@ que aspira a sentarse en la oficina principal del ayuntamiento. No importa quien gane el adoquín seguirá igual.

 Cruzo la plaza principal con el consuelo de mi #iPodbueno cuando siento un golpe en mi espalda. Una amiga se le ocurrió saludarme con un madrazo con su tupperware. Si mis ojos fueran pistolas esa chica ya estaría en los portales de nota roja.

Para evitar que me convierta en William Foster en Un día de Furia, saco mi Blackberry para empezar a escribir este blog, pero me doy cuenta de que, después de un forcejeo el día de ayer, la tecla espaciadora se traba cada vez que la aprieto.

En los camellones se ven los restos de humedad llena de mierda tratada. Es increíble como en un lugar donde sólo hay un licuado de excremento ahora salga un poco de belleza al ver como se refleja el atardecer y unas palmeras. Una maldita combi rompe con esa postal con su canción de los Tigres del Norte.

Llego a casa y me encuentro con los seleccionados llenos de clembuterol, una historia donde los más importante en un matrimonio para un mojado debe ser que su pareja tenga papeles yla frustración de las páginas de búsqueda de empleo.

Saco el jugo de arándano, le pongo 9 cubos de hielo y un chorro de agua mineral. En ESPN comienza el quinto partido entre los Mavs y el Heat. Las ondas eléctricas siguen en mi espalda, pero al menos ya no hay hijos de vecino.

Blackberry® 3G de Iusacell... @correarules

2 comentarios:

DorisFM dijo...

El adoquín seguirá igual, qué impresión, qué metáfora.

Juanjos dijo...

Los hijos de vecino, sin duda podemos ser cualquiera, a veces caemos en ese papel, a veces no pero lo cierto es que en cualquier lado nos encontramos a este tipo de personas, hay quienes ya lo son de nacimiento.
Los adoquines son un símbolo de la vejez de las administraciones que han ocupado la oficina central, siempre son los mismos que ostentan el poder y cuando intentan mostrar un rostro nuevo jajaja resulta que nadie los conoce.
¿Cuántos de los que se encentran en los semáforos están ahí por el $ del día? Luego de que el presidente los llamara para integrarse a la policía federal es mucho más preferible estar ahí pues sólo es por unos días, a final de cuentas todos tenemos un pasado oscuro.
Los bueno es que ganaron los Mavs, insisto habrá un séptimo juego.