domingo, mayo 08, 2011

Desahogo interno




Mi reloj marcaba las 8:03 de la mañana y el Metro apenas se detenía en San Cosme. Las puertas se abrieron y salí corriendo hacia los torniquetes para salir de la estación y revisar los titulares en el puesto de revistas que está saliendo de las escaleras.

Los olores del atole, tortas de tamal, caño y smog me indicaban que iba por la ruta correcta hacia la Universidad. Sólo me quedaba esquivar los puestos de fayuca.

Mi carrera contra los 10 minutos de tolerancia se vio interrumpida en la entrada del Café de Chinos ya que aventaron a un indigente. El Chino en su precario español le gritó: cag-gón.

El indigente comenzó a gritar a todo pulmón “¡cagón! ¡cagón! ¡cagón! mientras la gente paraba su carrera para ver al indigente sacar su furia  acumulada por años de frustración. Su cuerpo se mecía de un lado a otro mientras en la puerta una china vigilaba que no entrara en el comedor.

La voz se le ponía cada vez más ronca pero la fuerza interior era la misma al pasar un par de minutos. El chino en jefe salió con una olla con agua caliente y se la aventó junto con el coro de asombro de las mujeres que estaban apreciando el catártico espectáculo.

Con el vapor saliendo de los hombros, la mugre cedió y el olor se propagó. La peste ayudó a que los presentes retomarán sus destinos mientras el incansable indigente seguía gritando ¡cagón! ¡cagón! ¡cagón!

Pasados 8 minutos del primer encuentro sólo quedaba yo y el apestoso cagón. Me volteo a ver sacó dos lágrimas y salió corriendo hacia el Monumento Revolución y cambió su rumbo hacía la colonia Santa María La Rivera.

En esa misma tarde el Café de Chinos puso en la ventana: No insista, no sirve el W.C.

1 comentarios:

Juanjos dijo...

Entonces todo fue por el baño?
mmm... esos chinos tienen una manera particular de correr a la gente.

Y llegaste a tu destino a tiempo?

buena anécdota.