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José Miguel Correa salió de la refaccionaria donde trabaja para entregar unos amortiguadores a la voz de ¡Ya!. El joven de 20 años se subió a su motocicleta y le metió al acelerador de sus 75 centímetos cúbicos.
Para su desgracia, el Honda Civic, con más de potencia y una carrocería envidiable, No tenía la misma prisa, por lo que manejaba a baja velocidad.
El joven con espíritu de Valentino Rossi se vio lento en poner el freno y se estampó con la cajuela del orgullo Nipón. Su esquelético cuerpo voló por los aires y cayó en el pavimento.
El conductor, un señor responsable, se bajó del auto y pidió una ambulancia al C-4, ahí le dijeron que todas las ambulancias estaban ocupadas en accidentes por toda la ciudad, por lo que le prometieron la asistencia a los 30 minutos.
El magullado paso 30 minutos en el piso mientras una decena de vecinos llamaron a Cruz Roja, IMSS, ISSSTE y al Santo Niño de Atocha para que atendieran la pierna rota del rey de las calles. Sus esfuerzos fueron inútiles.
- ¿Como que van a tardar otros 30 minutos más? ¡Pásame a Damián Canales!
El individuo que sólo quería que mandaran una ambulancia a la colonia periodistas para atender al joven Correa. La respuesta del C-4 fue que le hiciera como quisiera pero que no harían nada. El tipo del teléfono no quiso identificarse.
El sol caía en la cara del Rossi pachuqueño y 37 minutos después de estar en el llegó un policía en moto que venía desde la carretera a Sahagún, a unos 30 kilómetros del accidente. Otras dos patrullas llegaron y lo único que hicieron fue tomar datos y preguntar “¿Quién tuvo la culpa?
La ambulancia de Protección Civil llegó 48 minutos después y después de verificar los signos del joven Correa, lo ingresaron en la ambulancia. Ya habían pasado 58 minutos.
El joven fue llevado al Hospital General.
Los policías empezaron a “deslindar responsabilidades”. Por supuesto que nunca tomaron la suya.
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