jueves, noviembre 06, 2014

Empatía: la otra desaparecida

Estoy frente a los dirigentes del principal partido político de izquierda en el país y que son responsables de haber puesto a un presidente municipal ligado al narco a cambio de muy buenos billetes.


Con el cabello recién pintado, el que funge como líder fáctico de esa simulación de izquierda asegura que hay una serie de descalificaciones en contra de su partido por medio de los periódicos y espacios noticiosos.


Lo que no se han dado cuenta que es que esa campaña mediática montada en su contra está basada en hechos reales totalmente comprobables.


Lo mejor es cuando sale uno de sus ex Presidentes Nacionales que hace unos días salió de Ciudad Universitaria empujado por un grupo de unas decenas de estudiantes que le gritaron una y otra vez “asesino”.


Con todo y su peinado de queso Oaxaca envuelto en un traje de caballero, de esos que los de recursos humanos se basan para decidir las habilidades de los aspirantes, el izquierdista llamó “radicalitos” a los que los increparon.


Ante esa falacia de izquierda política no me quedó más remedio que voltear a ver a una reportera con una falda bien ajustada y lentes que mostraban la intelectualidad según el fan de Murakami.


Tras dar unos pasos a la derecha, pude quedarme a unos centímetros de ella y ver el micrófono dibujado en la pantalla de su celular, mientras su cuello se movía de un lado a otro buscando un refugio del estrés.


Los entacuchados indignados hicieron relevos. en esta ocasión pensé que dirían algo a los padres de los normalistas desaparecidos de #Ayotzinapa. Un signo que mostrara algo de empatía con los padres de los estudiantes. algo que ayudara al dolor que vive esta nación.


Pero no fue así. Lo único que escuchamos es un reclamo a 2 periódicos de circulación nacional para decir que ellos no habían rentado ni una grúa de los ahora “espurios proveedores de maquinaria”.


Al finalizar salen como amigos de primaria y se felicitan el uno al otro por el gran trabajo realizado en la conferencia de prensa. De los padres afectados no se habla.

Volteo a ver a la reportera. Me sonríe y sale caminando del salón meneando las caderas lo suficiente para acentuar su figura sin ser vulgar. Las endorfinas me lo confirman.

miércoles, octubre 15, 2014

La primera noche fría del fin de año

Mi dedo índice da el último click de la jornada laboral a la que dediqué 13 horas de mi vida tratando de bajar datos de varios estado de la República. Para acompañar esta aventura está una migraña pasiva agresiva que me recuerdan las ganas que tengo de llegar a mi base de confort.

Al abrir la puerta de cristal templado y ver como se eleve la cortina metálica, siento como entra una corriente de aire helado que me recuerda que la Navidad está a la vuelta de la esquina. Fecha que históricamente me ha dado unos buenos knock-outs emocionales.

Tras caminar en la calle que huele a orines y resistió, me encuentro con un chepo con los ojos sumidos y las mejillas grises. Por un momento me lo imagino como personaje de The Walking Dead. Tras sentir su aliento que disparó agresivamente la migraña, bajé las escaleras que me conducirían al Metro.

Tras viajar por 33 minutos en el asiento de metal que me congela las nalgas, llega un tipo vendiendo chocolates. Se me queda viendo como si su vida dependiera de la venta de ese Milkyway. Al ver que su chantaje no funcionaba, me mentó la madre y caminó al siguiente vagón.

El policía de la estación espera a que cruce la puerta para cerrar con sus guantes gordos. Afuera, con la corriente de viento tomando entusiasmo, está otro chepo acostado con una sudadera delgada y con el guardapolvo como almohada.

Un chiflón de frío me hizo temblar rápidamente para tener algo de calor. Pensé inmediatamente en los indigentes. En esas personas que por alguna razón han perdido todo. No me quedó más remedio que comprar una tira de galletas para que comiera algo.

A pesar de la oscuridad que da una noche de media luna pude ver sus encías inflamadas y gastadas. Me dio las gracias con otra dosis de resistol mezclado con microbios acumulados por la falta de un cepillo dental una crema limpiadora con una duración de 12 horas.

Mejor me di la vuelta y caminé a mi pequeño departamento mientras recibía las gracias desconfiadas. 

Al abrir la puerta del edificio me sentí con pena por la comodidad en la que vivía. Casi culpable de tener una frazada. 

Me acosté después de tomar un par de cafiaspirinas con una chapara de pechuga de pavo, queso goudá, champiñones frescos y aderezo italiano. Para tragar todo el paque me serví un buen vaso de jugo de arándano con agua mineral.

Tras reposar los primeros bocados pensé ¿qué carajos debe pasar en tu vida para perder todo? 

Di el ultimo bocado, aventé los pantalones, la camisa y sentí las sabanas de mi cama. Yo trataré que se me quite el dolor de cabeza.

Estoy seguro que al chemo no se le quitará el frío.

domingo, septiembre 14, 2014

Besos, aceite y un pedazo de eternidad

Es domingo en la madrugada del puente vacacional más largo del año y lo único que puedo hacer es caminar por las calles en busca de una bebida caliente y un lugar que me brinde empatía alguna.

Al caminar pude ver una pareja que se reía y se besaba sintiendo los labios cada vez que se acercaban. Como si trataran de guardar en sus sentimientos la sensación de cada comisura de sus bocas. Besos para recordarlos toda una eternidad.

Recordé que muchas veces me besaron así. Recuerdo sentir el aire tibio que salia por la nariz y también una mano que acariciaba mi rostro.

Esas imágenes se repitieron algunas veces en mi vida y cada una de ellas terminó en un recuerdo que se perdió con la llegada de nuevos labios y nuevas sensaciones.

Seguí caminando por el adoquín viejo de la plaza principal frente al lugar donde horas más tarde se daría el Grito de Independencia de parte de un delegado corrupto al que le hackean su Blackberry para extorsionar a constructoras.

Me subí al templete para tener un punto de vista desde aquel lugar. Desde ahí sólo se veía el kiosco con un par de niños hiperactivos y  a esos mismos novios que se comían a besos.

Me dio ternura ver la mano de ella acariciando el rostro de él. Me dio un poco de risa ver la torpeza con la que se movía el novio al tratar de ser sensual. Estaba más duro que una piedra. Pero a ella no le importó y vi como posaba sus ojos y confianza en las pupilas vidriosas del hombre de piedra.

Tras tragar un poco de saliva, ella comenzó a llorar mientras el brazo de él se relajaba para ir sacando el abrazo a un lado. 

Como si fuera un arranque de angustia ella lo tomó por el cuello y volvió a besarlo en vano. El hombre de piedra se puso más piedra que nunca y ella no pudo doblarlo.

Tras ponerse más rígido ella dio un último beso que duro poco más de un minuto lleno den pequeños movimientos lentos. Se paró y camino arrastrando la mano como si se tratara de una escultura de Camille Claudel cuando ve que Rodín se va de su lado.

Claro, sin tanta estética y con más rigidez que el bronce de la francesa.

La mujer caminaba dando pasos seguros y dejaba que las lágrimas le corrieran por las mejillas y sin parar se perdió en medio de puestos de la vendimia. 

Tras meditar un momento en la escena que había visto me di cuenta que los momentos que más atesoramos y guardamos son aquellos que sabemos que no van a durar.  Que tarde o temprano se van acabar y que, como si fueran tesoros,  se quieren guardar de manera estéril.

La paradoja es que la mayoría de esos momentos sublimes, mágicos y casi celestiales se conservan toda una eternidad mientras que lo cotidiano as desperdicia por tratar de repetir, al menos en nuestras neuronas,  una pequeña dosis infinita de gloria.

Pero la memoria traiciona y al final las actividades del día a día llega a vencer esos momentos mágicos que se reemplazan por necesidades pasajeras llenas de un estrés idiota que no sirve más que para perder los pocos minutos de vida que tenemos en esta tierra.

Ex gasolinera de Coyoacán
Así que me senté en una gasolinera abandonada y recibiendo las sobras del alumbrado público. Al fondo esta la luna con la mitad del esplendor que vivió hace unas semanas y que se niega a ser opacada por unas las nubes que amenazan con llenar de agua el grito del delegado corrupto.

Mientras el olor del chocolate caliente se confunde con con el agrio aroma de aceite viejo del piso pienso que, al igual que toda esta escena el amor que muchas veces di hoy día está abandonado tratando de rescatar algo de esplendor.

Al final este es el lugar donde siento más empatía.  Al final el tiempo pone a cada quien en su lugar.

Al final estoy solo en esta sucia, abandonada y olvidada gasolinera.

lunes, mayo 19, 2014

Pachuca, Caín y un poco de mierda.

Los Tuzos del Pachuca llegaban a una final de campeonato de liga después de 5 años y no me podía perder tal evento. Así que volví al Estadio Hidalgo para disfrutar de un festejo más de ese equipo que nos acostumbró a ganar en la primera década del milenio.

Llegamos al estadio y tras caminar 20 minutos como judíos errantes por los pasillos del Huracán por fin vimos a los amigos que estaban apartando lugar en primera fila de la cabecera junto a la UltraTuza.

Los primeros en pisar la cancha son Matosas y su cuerpo técnico que, se pasean como si quisieran provocar a la gente del Estadio.

Para esas alturas el internet en móviles era una leyenda urbana. Todas las personas querían hacer Check In en Foursquare pero la pésima infraestructura hizo que todo fuera un mito.

Media hora antes del partido sale el dueño del Pachuca junto con el dueño de la familia que tiene el 51 por ciento de las acciones de este país: Slim e hijos featuring Elías Ayub. Los primeros reclamos de la afición tuza fue por que no jalaba el internet en el estadio.

Por fin salen los equipos al campo y comenzamos a apoyar y a gritar a esos 10 jugadores que bien pueden pasar por la sub 23 de México.

Enfrente tienen un equipo que bien podrían pasar por los descendientes de Caín. Unos jugadores que pasaron con más pena que gloria en las filas del Pachuca y ahora se sienten los Iniesta, Xavi y Piqué de petatiux.

Esos traidores son el Chapo Montes, Elías Hernández, Franco Arizala y Peña. Al verlos me dio un retortijón de estómago.

Los Tuzos los hacían como querían y tuvieron 2 o 3 oportunidades de gol que nomás no cuajaron por no pasar la pelota al compañero mejor posicionado.

Todo iba bien. Las edecanes de Corona (que me dejó aplaudiendo como foca) y las maromeras predecibles del Pachus.

 Para el segundo tiempo ya nos sentiremos campeones hasta que llegó ese balón que remató Boselli y  nomás se enredó el Conejo Salvador.

Elías Hernández llegó al lateral y se calló de hambre, provocando que sacara más de una mentada de madre del repertorio y me cayera el segundo retortijón grave. De esos que parece que entras en labor de parto.

El Pachuca hace su esfuerzo pero llegan los tiempos extras.

 Mi estómago, como si intuyera que algo malo iba a pasar, me pide que expulse parte de los tacos que me había empacado el día anterior. Así que salí de mi primera fila y camine por las escaleras que demostraban el sobrecupo del Estadio Hidalgo. 

Mientras trepaba por los cuerpos redondos de los pachuqueños, de mi interior dejaba una estela con aroma de taco de suadero procesado, pero con el ISO9001 del Borrego Viudo.

Tras llegar a la explanada del Huracán y dejar a 3 señoras desmayadas llegó al primer baño que me encuentro. La cola era interminable y el olor era de cerveza procesada sin el ISO9001.

"Apúrense cabrones que viene Slim y se los va a cagar" recitó un juglar pachuqueño mientras el piso lleno de meados te invitaba a resbalarte en medio de la fosa séptica para Dummies.

Desisto en mi intento y sigo caminando hasta los baños que le corresponden a la porra del León. Porra que no sale a mear por miedo a que los descendientes de ingleses les partan el hocico. No saben que acá sí somos civilizados (no offense Pumas).

Por fin llego al escusado en donde dejaré los restos de mis corajes con los descendientes de Caín en un símbolo conformado por 14 tacos con recubrimiento de tepache.

Tras relajar el esfínter y aprovechar las servilletas que siempre me guardo en la bolsa del pantalón, salgo airoso del baño y menos airoso del asterisco. Me pongo una megacarga del alcohol anti influenza y trato de regresar a mi asiento.

El primer tiempo extra transcurría y mientras Ayoví trataba de darle equilibrio al equipo yo estaba tratando de bajar 80 escalones congestionados con la gracia de Baryshnikov. 

Al llegar a mi lugar me doy cuenta que la Ultra Tuza ya no canta igual. 

Comienza el segundo extra y a los jóvenes Tuzos les ha bajado el ponch gacho. Tanto así, que Nacho González (El defensa metrosexual de León y que piensa que es el Cannavaro de Jardines del Moral) anota un gol y lo festeja como si fuera Cristiano Ronaldo.

Montes, cual Judas, se va a provocar a la tribuna mientras el resto de los jugadores se echa al piso uno encima del otro como si fuera Calígula.

Al final el León quedó campeón y mis Tuzos quedaron como el Cruz Azul del campeonato. Tal vez la historia hubiera sido diferente si me hubiera aguantado el esfínter. Tal vez debí ir a los tacos Chupacabras.


Keroseno!!! por @Correarules

Periodista. When you have to choose between truth and legend, ... I say choose the legend... Tony Wilson