domingo, septiembre 14, 2014

Besos, aceite y un pedazo de eternidad

Es domingo en la madrugada del puente vacacional más largo del año y lo único que puedo hacer es caminar por las calles en busca de una bebida caliente y un lugar que me brinde empatía alguna.

Al caminar pude ver una pareja que se reía y se besaba sintiendo los labios cada vez que se acercaban. Como si trataran de guardar en sus sentimientos la sensación de cada comisura de sus bocas. Besos para recordarlos toda una eternidad.

Recordé que muchas veces me besaron así. Recuerdo sentir el aire tibio que salia por la nariz y también una mano que acariciaba mi rostro.

Esas imágenes se repitieron algunas veces en mi vida y cada una de ellas terminó en un recuerdo que se perdió con la llegada de nuevos labios y nuevas sensaciones.

Seguí caminando por el adoquín viejo de la plaza principal frente al lugar donde horas más tarde se daría el Grito de Independencia de parte de un delegado corrupto al que le hackean su Blackberry para extorsionar a constructoras.

Me subí al templete para tener un punto de vista desde aquel lugar. Desde ahí sólo se veía el kiosco con un par de niños hiperactivos y  a esos mismos novios que se comían a besos.

Me dio ternura ver la mano de ella acariciando el rostro de él. Me dio un poco de risa ver la torpeza con la que se movía el novio al tratar de ser sensual. Estaba más duro que una piedra. Pero a ella no le importó y vi como posaba sus ojos y confianza en las pupilas vidriosas del hombre de piedra.

Tras tragar un poco de saliva, ella comenzó a llorar mientras el brazo de él se relajaba para ir sacando el abrazo a un lado. 

Como si fuera un arranque de angustia ella lo tomó por el cuello y volvió a besarlo en vano. El hombre de piedra se puso más piedra que nunca y ella no pudo doblarlo.

Tras ponerse más rígido ella dio un último beso que duro poco más de un minuto lleno den pequeños movimientos lentos. Se paró y camino arrastrando la mano como si se tratara de una escultura de Camille Claudel cuando ve que Rodín se va de su lado.

Claro, sin tanta estética y con más rigidez que el bronce de la francesa.

La mujer caminaba dando pasos seguros y dejaba que las lágrimas le corrieran por las mejillas y sin parar se perdió en medio de puestos de la vendimia. 

Tras meditar un momento en la escena que había visto me di cuenta que los momentos que más atesoramos y guardamos son aquellos que sabemos que no van a durar.  Que tarde o temprano se van acabar y que, como si fueran tesoros,  se quieren guardar de manera estéril.

La paradoja es que la mayoría de esos momentos sublimes, mágicos y casi celestiales se conservan toda una eternidad mientras que lo cotidiano as desperdicia por tratar de repetir, al menos en nuestras neuronas,  una pequeña dosis infinita de gloria.

Pero la memoria traiciona y al final las actividades del día a día llega a vencer esos momentos mágicos que se reemplazan por necesidades pasajeras llenas de un estrés idiota que no sirve más que para perder los pocos minutos de vida que tenemos en esta tierra.

Ex gasolinera de Coyoacán
Así que me senté en una gasolinera abandonada y recibiendo las sobras del alumbrado público. Al fondo esta la luna con la mitad del esplendor que vivió hace unas semanas y que se niega a ser opacada por unas las nubes que amenazan con llenar de agua el grito del delegado corrupto.

Mientras el olor del chocolate caliente se confunde con con el agrio aroma de aceite viejo del piso pienso que, al igual que toda esta escena el amor que muchas veces di hoy día está abandonado tratando de rescatar algo de esplendor.

Al final este es el lugar donde siento más empatía.  Al final el tiempo pone a cada quien en su lugar.

Al final estoy solo en esta sucia, abandonada y olvidada gasolinera.

lunes, mayo 19, 2014

Pachuca, Caín y un poco de mierda.

Los Tuzos del Pachuca llegaban a una final de campeonato de liga después de 5 años y no me podía perder tal evento. Así que volví al Estadio Hidalgo para disfrutar de un festejo más de ese equipo que nos acostumbró a ganar en la primera década del milenio.

Llegamos al estadio y tras caminar 20 minutos como judíos errantes por los pasillos del Huracán por fin vimos a los amigos que estaban apartando lugar en primera fila de la cabecera junto a la UltraTuza.

Los primeros en pisar la cancha son Matosas y su cuerpo técnico que, se pasean como si quisieran provocar a la gente del Estadio.

Para esas alturas el internet en móviles era una leyenda urbana. Todas las personas querían hacer Check In en Foursquare pero la pésima infraestructura hizo que todo fuera un mito.

Media hora antes del partido sale el dueño del Pachuca junto con el dueño de la familia que tiene el 51 por ciento de las acciones de este país: Slim e hijos featuring Elías Ayub. Los primeros reclamos de la afición tuza fue por que no jalaba el internet en el estadio.

Por fin salen los equipos al campo y comenzamos a apoyar y a gritar a esos 10 jugadores que bien pueden pasar por la sub 23 de México.

Enfrente tienen un equipo que bien podrían pasar por los descendientes de Caín. Unos jugadores que pasaron con más pena que gloria en las filas del Pachuca y ahora se sienten los Iniesta, Xavi y Piqué de petatiux.

Esos traidores son el Chapo Montes, Elías Hernández, Franco Arizala y Peña. Al verlos me dio un retortijón de estómago.

Los Tuzos los hacían como querían y tuvieron 2 o 3 oportunidades de gol que nomás no cuajaron por no pasar la pelota al compañero mejor posicionado.

Todo iba bien. Las edecanes de Corona (que me dejó aplaudiendo como foca) y las maromeras predecibles del Pachus.

 Para el segundo tiempo ya nos sentiremos campeones hasta que llegó ese balón que remató Boselli y  nomás se enredó el Conejo Salvador.

Elías Hernández llegó al lateral y se calló de hambre, provocando que sacara más de una mentada de madre del repertorio y me cayera el segundo retortijón grave. De esos que parece que entras en labor de parto.

El Pachuca hace su esfuerzo pero llegan los tiempos extras.

 Mi estómago, como si intuyera que algo malo iba a pasar, me pide que expulse parte de los tacos que me había empacado el día anterior. Así que salí de mi primera fila y camine por las escaleras que demostraban el sobrecupo del Estadio Hidalgo. 

Mientras trepaba por los cuerpos redondos de los pachuqueños, de mi interior dejaba una estela con aroma de taco de suadero procesado, pero con el ISO9001 del Borrego Viudo.

Tras llegar a la explanada del Huracán y dejar a 3 señoras desmayadas llegó al primer baño que me encuentro. La cola era interminable y el olor era de cerveza procesada sin el ISO9001.

"Apúrense cabrones que viene Slim y se los va a cagar" recitó un juglar pachuqueño mientras el piso lleno de meados te invitaba a resbalarte en medio de la fosa séptica para Dummies.

Desisto en mi intento y sigo caminando hasta los baños que le corresponden a la porra del León. Porra que no sale a mear por miedo a que los descendientes de ingleses les partan el hocico. No saben que acá sí somos civilizados (no offense Pumas).

Por fin llego al escusado en donde dejaré los restos de mis corajes con los descendientes de Caín en un símbolo conformado por 14 tacos con recubrimiento de tepache.

Tras relajar el esfínter y aprovechar las servilletas que siempre me guardo en la bolsa del pantalón, salgo airoso del baño y menos airoso del asterisco. Me pongo una megacarga del alcohol anti influenza y trato de regresar a mi asiento.

El primer tiempo extra transcurría y mientras Ayoví trataba de darle equilibrio al equipo yo estaba tratando de bajar 80 escalones congestionados con la gracia de Baryshnikov. 

Al llegar a mi lugar me doy cuenta que la Ultra Tuza ya no canta igual. 

Comienza el segundo extra y a los jóvenes Tuzos les ha bajado el ponch gacho. Tanto así, que Nacho González (El defensa metrosexual de León y que piensa que es el Cannavaro de Jardines del Moral) anota un gol y lo festeja como si fuera Cristiano Ronaldo.

Montes, cual Judas, se va a provocar a la tribuna mientras el resto de los jugadores se echa al piso uno encima del otro como si fuera Calígula.

Al final el León quedó campeón y mis Tuzos quedaron como el Cruz Azul del campeonato. Tal vez la historia hubiera sido diferente si me hubiera aguantado el esfínter. Tal vez debí ir a los tacos Chupacabras.


martes, febrero 04, 2014

You are always in my mind

Cuando uno vive solo tiene la ventaja de saber, sin ser cuestionado, que cada una de las insignificantes y cotidianas experiencias cuentan de manera importante. Esas cosas que para otra persona puedes pasar desapercibidas se convierten en parteaguas dramáticos a la altura de cualquier historia de Fedor Dostoievski.

Si uno encuentra una tuerca atascada en un tornillo, choca contra otra persona en el transporte público, se topa con el olor a orines subiendo las escaleras del Metro u observa con atención la gracia de una mosca que se posa en la mierda recién defecada de un bulldog inglés, pueden se momentos que se vuelven tesoros míticos para cada uno de los seres egoístas e individualistas que gozan de vivir en ermitañamente .

Estos tesoros encajan perfectamente en la vitrina  de logros del universo mental, hedonista e individual de la mente retorcida y de vanguardia de cada uno de los solitarios.

Esa individualidad egoista y satisfactoria ha hecho que mis anécdotas sean ricas, ufanas y entretenidas para aquellas mentes que gozan de algo de fluorescencia emocional. Falta con verlos interactuar en una reunión familiar para darse cuenta que sus historias son realmente obsoletas

El problema es cuando esa individualidad  en la que los cuestionamientos se tienen con entre el Super Yo y el ello, se ve amenazada por otra mente en el que esas pequeñas historias no encajan de manera primordial esas anécdotas llenas de glorias banales.

En mi inocencia y ganas de romper con esa soledad varias veces trate de hacer que otra mente se uniera a la mía y pudiéramos admirar las mismas cosas ufanas.

La primera fue tratando de comprar la mente y el amor, obteniendo  fracaso de manera estrepitosa. Al final llegó alguien con más cartera y carisma. Mi mente y mis 40 kilos de grasa extra se quedaron derrotadas en un escalón blanco mientras veía como despreciaba mi mundo banal.

La segunda traté de decirle que mi mente sería un buen lugar para vacacionar los próximos 80 años teniendo como fin una serie de anécdotas que recordaríamos estoicamente. Al final las vacaciones duraron apenas unos meses y cambió el Cancún mental y deshechó mi Real de Catorce.

Mi mente desistió de forzar que el otro mundo encajara y desistió en su búsqueda. al final se vio en el espejo y se dio cuenta que era poca madre.

Ahora, esa mente recelosa y con cochambre neuronal prefiere estar en un rincón sin que nadie la amenace en su espacio. Como si disfrutara mucho su independencia. A pesaqr que a veces recuerda esos momentos en que intentó ser diferente.

Esa mente no quiere un perro nuevo. 

viernes, enero 17, 2014

Entre Eurípides y Don Pedro

Hace muchos años en un anuncio que reposaba en una pared de la estación Revolución de Sistema de Transporte Metro. Tras escuchar cómo se iba apagando la señal de radio en mi radio portatil iba leyendo la frase con la que promocionaban la película Crónica de un desayuno,  “Para darte en la madre no hay nadie como tu familia”.
Años más tarde me encuentro a punto de cumplir 36 años y el sentimiento que me da es el mismo que tienen miles de personas a esta edad: no he hecho algo bueno de mi vida.
Esto lo digo por que hoy día la gente que está en contra de algunas cosas que están establecidas. Los revolucionarios no somos parte del botín reformista que tanto se presume hoy día. Mismo que mañana será la vergüenza de muchos.
Mis comentarios no caen bien en la redacción y mi opinión no pesa. Digamos que si opinara como si me hubieran dado una despensa en las pasadas elecciones les caería a toda madre.
Hoy me embarran una entrevista que le hizo el director editorial de Reforma al Superman de petatiux, Alfredo Castillo. Me dicen que cualquiera hubiera tomado el teléfono en lugar de ir en Metro al Aeropuerto al comisionado. Su nobleza y humildad para codearse con los de abajo era algo digno de admirarse.
Así que he decidido no hablar por mucho tiempo con mis compañeros y mejor hablar por otros medios más racionales y menos desgastantes.
Pero a la hora de la comida me preguntaron por mi padre. Sí, ese del que ya han leído y saben que es mi gran Totem al que cada año que pasa su sombra me hace ver y sentir más pequeño.
Al narrar algunas de sus historias veo que mi vida es muy aburrida, sin chiste y desapercibida. Digamos que el Señor Don Pedro tenía las bolas muy grandes.
Una vez, el narraba, tuvo que dar grasa en una terminal de la Ciudad de México para poder sobrevivir. El dueño de los cajones de grasa le otorgó un espacio para que fuera su súbdito, pero este favor no era gratuito. El Cacique trato de fajárselo y Pedro sacó su navaja y se la clavo.
Espantado por lo que había hecho, el joven de 16 años salió corriendo sin rumbo y en los días subsecuentes revisó el periódico sin saber que pasó con el pederasta.
 Cada vez que escuché esa historia en boca de otras personas, su sombra llena la estatura de mi imaginación.

Así que, en lugar de estar en medio de análisi estériles y que nunca voy a ganar (Eurípides respalda mi decisión) voy a recordar las partes importantes que hacen que sea pequeño. 
Tal vez en un futuro alguien me reconozca el viajar en Metro diario.
Keroseno!!! por @Correarules

Periodista. When you have to choose between truth and legend, ... I say choose the legend... Tony Wilson