martes, febrero 04, 2014

You are always in my mind

Cuando uno vive solo tiene la ventaja de saber, sin ser cuestionado, que cada una de las insignificantes y cotidianas experiencias cuentan de manera importante. Esas cosas que para otra persona puedes pasar desapercibidas se convierten en parteaguas dramáticos a la altura de cualquier historia de Fedor Dostoievski.

Si uno encuentra una tuerca atascada en un tornillo, choca contra otra persona en el transporte público, se topa con el olor a orines subiendo las escaleras del Metro u observa con atención la gracia de una mosca que se posa en la mierda recién defecada de un bulldog inglés, pueden se momentos que se vuelven tesoros míticos para cada uno de los seres egoístas e individualistas que gozan de vivir en ermitañamente .

Estos tesoros encajan perfectamente en la vitrina  de logros del universo mental, hedonista e individual de la mente retorcida y de vanguardia de cada uno de los solitarios.

Esa individualidad egoista y satisfactoria ha hecho que mis anécdotas sean ricas, ufanas y entretenidas para aquellas mentes que gozan de algo de fluorescencia emocional. Falta con verlos interactuar en una reunión familiar para darse cuenta que sus historias son realmente obsoletas

El problema es cuando esa individualidad  en la que los cuestionamientos se tienen con entre el Super Yo y el ello, se ve amenazada por otra mente en el que esas pequeñas historias no encajan de manera primordial esas anécdotas llenas de glorias banales.

En mi inocencia y ganas de romper con esa soledad varias veces trate de hacer que otra mente se uniera a la mía y pudiéramos admirar las mismas cosas ufanas.

La primera fue tratando de comprar la mente y el amor, obteniendo  fracaso de manera estrepitosa. Al final llegó alguien con más cartera y carisma. Mi mente y mis 40 kilos de grasa extra se quedaron derrotadas en un escalón blanco mientras veía como despreciaba mi mundo banal.

La segunda traté de decirle que mi mente sería un buen lugar para vacacionar los próximos 80 años teniendo como fin una serie de anécdotas que recordaríamos estoicamente. Al final las vacaciones duraron apenas unos meses y cambió el Cancún mental y deshechó mi Real de Catorce.

Mi mente desistió de forzar que el otro mundo encajara y desistió en su búsqueda. al final se vio en el espejo y se dio cuenta que era poca madre.

Ahora, esa mente recelosa y con cochambre neuronal prefiere estar en un rincón sin que nadie la amenace en su espacio. Como si disfrutara mucho su independencia. A pesaqr que a veces recuerda esos momentos en que intentó ser diferente.

Esa mente no quiere un perro nuevo. 

lunes, diciembre 16, 2013

Materialismo coyoacanero (réquiem al #iPodBueno)

Camino hacia la salida del Burguer King de Coyoacán con la terrible e irreparable noticia de que mi compañero de viajes está en manos de un extraño que, sin lugar a dudas, lo va a manipular de manera artera.

Me refiero a el célebre, famoso y codiciado #iPodBueno: un aparato creado por Steve Jobs al que se le agregó la mejor música gracias a mi excelente gusto musical (El cual fue motivado por las ondas astrales que tiene este acuariano nacido bajo la fluencia de una mala estrella).

Héroe de batallas ideológicas, sentimentales y hasta físicas, el #iPodBueno me acompañó durante mis noches más románticas, depresivas, fiesteras y sobretodo en los tríos que me armaba junto con el tan recurrente insomnio.

La verdad es que me duele. "Si me puede" como diría la filosofía post clásica de los nacidos en los "lates 80's".

Salgo del recinto y veo que lo perdí en Coyoacán: Meca del hippismo y de la metafísica buena ondita de nuestros tiempos.

Los sentimientos de coraje y de frustración llegaron a mi mente. Mi aura comenzó a oscurecerse y los vendedores de esquites de la esquina sintieron mi "mala vibra".

¿En qué me equivoqué? ¿Será por qué comí una hamburguesa en territorio coyoacanero? ¿Los dioses se enojaron por despreciar el pozole con cachete del célebre mercado?

Esas y otras preguntas azotaron mi mente durante horas. Busqué refugiarme en las drogas y compré una chocolate doble en el Jarocho. Me alivianó por un momento. Me puso en mood child out.

Traté de ir con el gurú de los coyoacanenses (Mauricio Toledo) pero no lo encontré. Tal era mi desesperación que traté de hackear su BBM, pero no encontré a nadie en todo Coyoacán ("Eso no es cool", me decían).

Llegué a la fuente de Los Coyotes y cuando estuve a punto de ofrecerme como sacrificó a los dioses para calmara furia por introducirme grasa importada de los americanos imperialistas (Apple no es imperio por que es cool) llegó a mi menté la luz.

En eso, escuché un rechinido que hizo que me frunciera es asterisco al igual que cuando aprietas las pompis cuando entras al metro y se te acerca un trani pidiendo dinero para una asociación pro víctimas del SIDA.

Un coyote volteó y me dijo: Mi coyoacanero querido, el #iPodBueno se fue de tus manos para que dejarás el consumismo y vieras más allá de las personas. Para que tu aura se llenara decolores nuevos. Algo así como si tu Klout superara los 70 puntos. Espera y las mejores riquezas del Coyoacán llegarán a ti.

Su cuello comenzó a regresar a su estado original y antes de ponerse rígido me dijo: por cierto, tienes un excelente y exquisito gusto musical.

Tras meditarlo un poco me sentí aliviado y con una alegría enorme por dejar atrás ese consumismo al que estamos tan acostumbrados. Sobretodo en esta época en que la gente quiere comprar y comprar cosas.

Pasé junto al señor de los esquites y me sonrió. Lo más seguro es por mi aura multicolor que reflejaba paz.

Coyoacán 1  - 0 Materialismo.

Om chang ty quisquirisquis splus.


sábado, noviembre 23, 2013

Paseo Zombie

Después de 5 días de trabajo por fin mando ese correo electrónico en que cedo la estafeta al siguiente turno de periodistas que comienzan su semana laboral.

Los estímulos de mi cerebro son cada vez mas débiles y lo mas único que pudden procesar es el dolor de tripas que me avusa que no he comido nqda en las últimas 12 horas.

Llego a la puerta y el guardia se me queda viendo a los ojos con sus dos perlas negras al fondo de sus ojeras y me dice algo que no alcanzo a descifrar.

El guardián del orden periodístico que tiene un diente salido y podrido, intenta de manera inutil conversar conmigo. Por más que agudizo el oido me es imposible captar lo que dice.

El policía toma aire y me grita: ¡Que tiene el cierre abajo!

Verifico  estado de mis vaqueros y le doy la razón al muerto viviente.

Saco mis audífonos y pongo algo de los Foo Fighters .

Al intertar cruzar por Paseo de la Reforma me encuentro con un séquito de zombies en bicicleta que, metidos en au personaje,  tratan de asustarme y arrollarme.

Las 30 o 40 bicicletas pasan junto a mi y milagrosamente ningino me golpea o me escupe. Sólo recibí 2 o 3 mentadas de madre.

Camino hacia el metro con mis orejas frías y con una pregunta ¿Por qué no me hicieron algo?

Tras meditarlo un poco sobre los fríos asientos de metal  del Metro llego a la siguiente conclusión: zombie no come zombie.

Pensamiento que llevó de nuevo a ese dolor unas tripas sin algo que triturar en más de 12 horas.

jueves, octubre 31, 2013

La sonrisa de dientes negros y de oro

Hace muchos años un joven se ensuciaba sus zapatos nuevos y calcetines en una de las colonias priféricas de la ciudad de Morelia.

La respiración de ese joven se cortaba entre el aire húmedo y el insoportable sol de las 11 de la mañana. mientras el novato trataba de caminar entre el lodo y las piedras que dejaban las torrenciales lluvias de Michoacán, pensaba que era un absurdo que no hubieran pavimentado la calle.

"Hey compa, si quiere algo de sombra tenemos que entrar en una de las casas de Cartolandia", le dijo el compañero experto.

Entraron en la casa de la señora Vicky: una lavandera de cuarenta y tantos años con 6 hijos y sonrisa llena de dientes negros sostenidos por un marco de oro.

Vicky me ofreció un vaso de agua fresca de dudosa procedencia y por sanidad estomacal desprecié su ofrecimiento. Tal hecho hizo que no me dirigiera la voz en la próxima hora y media que estuvimos en su casa. 

En vista de que no estaba integrado en la plática observé que las camas eran de madera con un colchón infame. En esa piltrafa de hule espuma dormía un chaval de 15 años mientras sudaba como puerco a medio cocinar.

En la mesa estaban media docena de zapatos. Las moronas de pan se mezclaban con los pedazos de lodo que dejaban los zapatos.

En el techo se filtraban unos rayos de sol. El interior de la casas de Cartolandia a medio día parecía una discoteca de bajo presupuesto.

La lógica del joven no legaba a comprender el actuar de la gente a la que rápidamente calificó como sucia y huevona.

Pasaron unos días y la noche nos cayó encima. La raza michoacana es dura de roer por lo que nos recomendaron quedarnos en una casa de Cartolandia si no queríamos salir asaltados o navajeados. Recomendación que seguimos al pie de la letra.

Así que Vicky nos acogió en su casa de techo de cartón y paredes de corteza de árbol.

Puso el pan en la mesa y en un vaso de Tupperware nos dio un vaso e leche. Esta vez no cometí la estupidez de negarle el regalo que vino acompañado de una concha deliciosa. Las moronas de pan cayeron sobre la mesa que para entonces no tenía restos de lodo.

Le pregunté a Vicky la razón de los huecos en su techo de cartón y la respuesta me rompió el corazón.

El 6 de mayo sus hijos le habían regalado unas láminas de catón nuevas y las pusieron con un poco de chapopote que habían conseguido (robado) mientras trabajaban para el ayuntamiento rebacheando calles. La familia se sentía conteta con el resultado de meses o quizas años de juntar dinero para tener un mejor techo.

Pero el gusto le duró poco. En la madrugada del 11 de mayo, después de festejar el día de las madres, cayó una granizada impresionante. Hielos del tamaño de un limón sin semilla cubrieron las calles de tierra y lodo y dejó todo blanco. Algunos la describieron como la navidad de mayo. Esa navidad les dejó agujerada toda la lámina de cartón nueva que habían comprado días atrás.

Vicky sonreía con sus dientes negros y de oro.

Nos tocó ir a dormir y puse mis zapatos en lo que sería el descanso de mi cama. En la madrugada comenzó a llover y el agua se coló por todos lados y mis zapatos quedaron totalmente inundados. Vicky los medio secó y los puso sobre la mesa mezclando el lodo con las moronas.

El agua se colaba por cada hueco del techo y en 6 horas que duró la lluvia no pude pegar el ojo.

Al otro día nos levantamos y seguimos nuestra jornada como si fuera cualquier día.

Mes y medio después, a unos 40 metros de la casa de Vicky, estaba el achichincle de un político priista sobre una camioneta pick up impecable. El funcionario les pedía paciencia para los apoyos que había prometido en campaña pero les advertía que si hacían cualquier desmadrito se olvidaran de las promesas de campaña.

Al bajar de la caja de la camioneta se ensució su pantalón, enojándose por su mala suerte.

En ese momento el joven cambio de trinchera y decidió estar con la gente que estaba con el lodo hasta el tobillo, con el techo agujerado, adornado con una sonrisa de dientes negros y de oro.

Hoy le digo a ese joven que no desista. Que no pierda la mira. Que sostenga su bien cimentada fé.